Los ácidos grasos (en inglés fatty acids o FAS) son moléculas clave en diversos eventos fisiológicos y patológicos. Están presentes en múltiples funciones metabólicas, tales como el almacenamiento de energía, estructura de membranas, cascadas de transducción de señal y oscilación de proteínas.

Diferentes estudios demuestran una fuerte asociación entre el metabolismo de los ácidos grasos y la fisiopatología de algunas enfermedades crónicas, como son, la progresión de la obesidad, diabetes, arteriosclerosis y la enfermedad autoinmune, entre otras.


Sobre Metatest ÁCIDOS GRASOS

La monitorización del perfil de ácidos grasos en diferentes muestras biológicas (plasma, eritrocitos, leche materna) ha sido reconocida desde hace tiempo como una herramienta enormemente útil para evaluar el estado nutricional de un individuo. Básicamente, los ácidos grasos se clasifican en dos grandes grupos, saturados e insaturados, estos últimos con diferente grado de insaturación (mono-insaturados como el ácido oleico y polinsaturados o PUFAs, a los que nos vamos a referir). Dentro del grupo de ácidos grasos insaturados se encuentran los ácidos grasos de la denominada serie omega 3, como son el ácido eicosapentaenoico (EPA, 20: 5n-3) y el ácido docosahexaenoico (DHA 22: 6n-3), y los ácidos grasos de la serie omega 6, cuyo principal representante es el ácido araquidónico (ARA, 20: 6).

Todos los ácidos grasos de estas dos series juegan un papel importante en el metabolismo humano:

- Mejora la definición del riesgo vascular
- Es un óptimo complemento a los perfiles lipídicos.
- De gran utilidad en la monitorización de enfermedades crónicas con deficiencia en ácidos grasos esenciales (estrés oxidativo).

El ácido docosahexaenoico (DHA), ácido graso poliinsaturado de cadena larga (LCPUFA) de la serie omega 3, es un componente estructural importante de los fotorreceptores retinianos y de las membranas neuronales corticales, siendo necesario para el óptimo desarrollo neuronal y una correcta función visual. Es bien sabido que la suplementación en LCPUFAs, especialmente en DHA, tiene un efecto positivo en el desarrollo visual en neonatos prematuros. El DHA, junto a otro ácido graso de esta misma serie omega 3, el ácido eicosapentaenoico también denominado EPA, influyen directamente en el desarrollo neuronal, la agudeza visual y el sistema inmunológico del bebé. La suma de los niveles de EPA y DHA presentes en la membrana de los eritrocitos, el denominado índice Omega-3, ha sido relacionado tanto con la conducta y comportamiento, como con el estado de ánimo. Asimismo, varios estudios han demostrado la utilidad de suplementar en DHA y EPA en el tratamiento de los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el autismo, la dispraxia (trastorno de las destrezas motrices), la dislexia y en determinados cuadros agresivos y de agitación. Más recientemente se ha reconocido el índice Omega 3 como un factor de riesgo emergente en relación a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares. El LCPUFA de la serie omega-6 más abundante en el organismo es el ácido araquidónico. Este ácido graso es un metabolito precursor determinante en la producción de eicosanoides, tales como prostaglandinas, leucotrienos y tromboxanos. Participa, por tanto, en los procesos de agregación plaquetaria, inflamación, crecimiento celular y proliferación celular [11]. Por otro lado, diferentes estudios han determinado que la cantidad de PUFAs totales es significativamente menor en los pacientes con autismo que en niños sanos (no autistas y sin retraso en el desarrollo) [12]. Podemos resumir que tanto los ácidos grasos LCPUFAs de la serie omega-3 como de la serie omega-6 influyen de forma significativa tanto en el crecimiento normal y el desarrollo neurológico y visual, como en la función cognitiva e inmunológica. Por tanto, garantizar un adecuado estado o perfil de LC PUFAs en el organismo es necesario en todos los individuos, siendo especialmente importante en niños en desarrollo y en personas riesgo de deterioro cognitivo.

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